Un viaje a través de la mitología, la franqueza del norte y la conexión con la tierra que define la videncia en Euskadi.
Cuando uno piensa en el País Vasco, las primeras imágenes que acuden a la mente suelen ser gastronómicas o paisajísticas: el verde intenso de los valles, la fuerza del mar Cantábrico rompiendo contra las rocas, la vanguardia del Guggenheim o la tradición de los asadores. Sin embargo, existe una capa más profunda, invisible a los ojos del turista apresurado, que forma parte del ADN de esta tierra: su innegable conexión con lo místico.
Euskadi es una de las pocas regiones de Europa que conserva una mitología pre-cristiana tan viva. Figuras como Mari (la dama de Anboto) o Amalur (la Madre Tierra) no son solo cuentos para niños; son representaciones de una cultura que siempre ha respetado las fuerzas de la naturaleza. Y es precisamente de este sustrato cultural de donde nacen las tarotistas vascas, profesionales que hoy en día gozan de un prestigio singular en todo el panorama nacional.
Pero, ¿qué las hace diferentes? ¿Por qué alguien de Madrid, Barcelona o Latinoamérica busca específicamente a una vidente del norte?
Si hay un rasgo que define a la sociedad vasca es la nobleza y la franqueza. Aquí, la palabra dada es un contrato y los rodeos se consideran una pérdida de tiempo. Este rasgo cultural se traslada directamente a la mesa de consulta.
A diferencia de otras corrientes esotéricas que tienden a adornar el mensaje o a decir lo que el cliente quiere escuchar para asegurar su fidelidad, las tarotistas vascas se caracterizan por ser directas. A veces, incluso, pueden resultar secas para quien no esté acostumbrado a este carácter.
Una lectura con una profesional vasca no es un masaje al ego. Es un diagnóstico. Si las cartas marcan un final, te hablarán del final. Si marcan una traición, no la disfrazarán de malentendido. Esta honestidad brutal es, paradójicamente, su mayor activo. En un mundo lleno de incertidumbre y "fake news", el consultante valora encontrar a alguien que no le venda humo, sino realidad.
Para entender la videncia en el País Vasco hay que mirar atrás. Históricamente, las mujeres que poseían conocimientos sobre hierbas, partos y ciclos lunares eran llamadas sorginak. Aunque la Inquisición trató de demonizarlas (con el trágico episodio de Zugarramurdi como máximo exponente), para el pueblo llano eran figuras de respeto y autoridad. Eran las sabias del caserío.
Las tarotistas vascas modernas se sienten, en gran medida, herederas de esa tradición matriarcal. Muchas de ellas no aprendieron el tarot en academias online, sino observando a sus abuelas echar la baraja española en la cocina de casa.
Esta transmisión oral del conocimiento hace que sus lecturas tengan un componente muy "terrenal". No suelen perderse en conceptos metafísicos abstractos. Su videncia está enfocada a la resolución de problemas prácticos: la salud de la familia, la prosperidad del negocio, la estabilidad de la pareja. Es una magia doméstica, útil y palpable.
La geografía influye en el espíritu. El clima del norte, con su lluvia constante (sirimiri) y sus días grises, invita a la introspección. Vivir en Euskadi implica aprender a mirar hacia adentro.
Se dice que las tarotistas vascas tienen una sensibilidad especial desarrollada por este entorno. Al estar en contacto permanente con una naturaleza exuberante y a veces hostil, desarrollan una intuición más aguda, más "animal".
En sus consultas, es frecuente que utilicen metáforas relacionadas con el mar o la montaña. Entinden los ciclos de la vida como las estaciones: no se puede cosechar en invierno. Esta visión cíclica ayuda mucho al consultante a tener paciencia y a entender que los bloqueos actuales son solo una fase necesaria antes del renacer.
Aunque la tradición pesa, Euskadi es también tierra de innovación. En ciudades como Bilbao o San Sebastián, la vieja escuela de la videncia se ha fusionado con las nuevas corrientes psicológicas.
El perfil de la tarotista vasca actual suele ser el de una mujer formada, a menudo con estudios superiores, que ha decidido profesionalizar su don. Ya no reciben en habitaciones oscuras. Hoy en día, pasan consulta en despachos modernos o a través de videollamada, atendiendo a ejecutivos, empresarios y personas que buscan claridad mental para la toma de decisiones.
Han sabido adaptar la herramienta (el tarot) a los tiempos modernos, convirtiéndola en un instrumento de coaching espiritual.